En los años 90, el mexicano Pedro Padierna, entonces directivo de Sabritas, tuvo una idea brillante: incluir pequeños discos coleccionables dentro de las bolsas de papas.
Al principio parecían solo “juguetitos”, pero pronto se convirtieron en un fenómeno cultural.
Los Tazos no solo se coleccionaban, ¡se jugaban! Niños y jóvenes intercambiaban, competían y hasta inventaban reglas nuevas.
Fue más que una promoción: se volvió una experiencia compartida que unió a toda una generación.
Lo que empezó como una estrategia de mercadotecnia, terminó siendo un ícono que trascendió fronteras y aún hoy despierta nostalgia.
Los Tazos demostraron que una buena idea puede ir más allá de un producto: puede crear comunidad, recuerdos y hasta una época entera



